ROMPIENDO PARADIGMAS EN LOS ESPACIOS DE EXHIBICIÓN

Hola buenas tardes. Quiero agradecer a María Teresa Cordeiro Mejía y a la Conferencia Nacional de Instituciones Municipales de Cultura por la invitación para formar parte del 4to Encuentro Nacional en torno a Espacios Expositivos: Museos, galerías, espacios alternativos y autogestivos. También les quiero agradecer a ustedes por asistir esperando que les resulte interesante.

El título de esta conferencia es "Rompiendo paradigmas en los espacios de exposición"
¿Qué nos frena para innovar en nuestros espacios de exposición? ¿Cuántas herramientas diversas tenemos al alcance para aumentar nuestra gama de autogestión? ¿Cómo ser un punto de referencia en nuestra comunidad?

Hablar sobre ruptura, en cualquier tipo de práctica y en específico en el contexo de la práctica artística, es sin duda bastante atrevido y quizás un reto. Como muchos de nosotros hemos llegado a percibir, ya sea como promotores, gestores, artistas, teóricos, curadores o espectadores, pareciera ser que los procesos y los modos ya han sido explorados y llevados a la práctica. Es quizás una de las ideas más repetidas durante las últimas décadas: no hay nada nuevo por descubrir, lo que quizás podamos lograr son nuevos modos de conjugar lo ya establecido. Y es justamente en este mismo ejercicio de revisar y reordenar los factores ya conocidos y comprobados, que puede suceder cierto grado de ruptura o fisura, con la intención de fomentar el desarrollo y crecimiento de la escena artístico cultural a la cual pertenecemos e impulsamos desde diferentes tipos de práctica.

Hay muchos interrogantes interesantes que devienen del planteamiento inicial de esta plática. Quizás el primero es hacernos la pregunta de si es necesario romper con los esquemas a partir de los cuales desarrollamos nuestra práctica en el marco de espacios expositivos, de espacios de promoción sin sede, o de espacios simbólicos que por supuesto también son relevantes. Aquí cada quien responderá según sus propios intereses. Mi respuesta ante dicha pregunta sería: depende, depende principalmente de la respuesta a otra pregunta, ¿con qué objetivo?, ¿para qué quiero romper los paradigmas que enmarcan mi práctica profesional? Si no hay una necesidad específica y detectada que nos impulse a revisar y redefinir nuestra práctica, esta búsqueda de nuevos modelos responderá únicamente a la imposición que caracteriza nuestros tiempos: "hay que innovar para sobresalir". Quizás éste sería uno de los primeros paradigmas que hay que desmontar. El objetivo de romper paradigmas como desencadenante y por sí mismo no es lo suficientemente potente como para lograr nuevos planteamientos alejados de lo establecido, pues finalmente no podríamos responder qué aspectos de los paradigmas conocidos deben ser sometidos a revisión. Y aqui habría que preguntarse también si los paradigmas son algo homogéneo, estático, cerrado o si cada quien construye su propio esquema basado en ciertas generalidades. Quizás lo importante no sería romper con un supuesto esquema imperante, sino revisar y cuestionar aquellas ideas propias que siendo herméticas limitan nuestro propio ejercicio. Entonces regreso a la pregunta: ¿Con qué objetivo querría cada uno de nosotros revisar sus propios paradigmas que afectan y definen los espacios de exposición con los cuales colabora de uno u otro modo?

Respuestas hay tantas como profesionales implicados ejerciendo. Unos pueden responder que considerando la necesidad de integrar y alcanzar nuevos públicos se deben revisar los esquemas bajo los cuales se establece el diálogo "arte - espectador", "espacio - espectador", "artista - espectador". Otros pensarán que siendo imprescindible fomentar nuevos movimientos artísticos incipientes se debe cuestonar el destino de los fondos privados y públicos que generalmente atienden movimientos establecidos. Otros profesionales que opinen que lo principal sería apoyar a los artistas en su proceso de producción de obra cuestionarán cómo se establece la relación "curador - artista", "galerista - artista", "coleccionsita - artista". Y por supuesto otros opinarán que siendo la venta de obra uno de los aspectos más importante para el fortalecimiento de la escena artística lo que realmente hay que romper es la idea de que el coleccionsimo corresponde únicamente a un sector exclusivo y pudiente de la sociedad. En realidad no hay una postura ni una respuesta mejor que otra, por lo general el razonamiento válido es aquel coherente con quien lo expresa considerando su propia vocación e idología. Retomo la idea principal del enunciado de esta plática para defender que romper por romper, innovar por innovar, no parece cubrir ninguna necesidad específica salvo la misma de innovar que si es ajena a otras premisas carecerá del impulso suficiente o la intención necesaria para enriquecer los alcances de la práctica profesional. Quizás en algunos puntos de nuestras respectivas carreras debamos ser más conservadores que innovadores. Por ejemplo, si mi objetivo es vender obra y lo hago de manera satisfactoria lo único que tengo que hacer es no romper ni revisar el paradigma al cual respondo. Si lo que busco es fomentar el arte emergente y lo llevo a cabo con cierto éxito la respuesta sería la misma. Sin embargo, dado cierto desarrollo, es difícil y poco interesante asentarse indefinidamente en una ecuación específica, pues surgen nuevas necesidades en la medida en la que se logran ciertos objetivos. Estas nuevas necesidades, si no son logradas de manera inmediata, son las que nos van a obligar a revisar los propios paradigmas.

Una vez planteado en términos generales mi visión sobre la relación que cada profesional pueda llegar a establecer con sus propios paradigmas que ya hemos visto que pueden beber de ideas generalizadas, me gustaría aterrizar este planteamiento ejemplificado de manera sintética en el desarrollo del Centro Cultural Border.

En el caso concreto del Border, espacio que dirijo desde el 2006 y por lo mismo conozco, nos hemos dado a la tarea de fomentar la escena artística emergente con especial incaphié en la generación de oportunidades y la asistencia a artistas incipientes que no ha tenido oportunidad de llevar a cabo el ejercico de la práctica en el marco de un espacio legitimado. Con dicho objetivo hemos ido detectando ciertas necesidades y hemos ido procurando satisfacerlas. Sin embargo el Border no nació con dicha vocación como premisa.

Los primeros años del Border, del 2006 al 2008, sucedieron de un modo totalmente espontáneo, intuitivo y sin conciencia. Lo cual fue decisivo porque en esta aparente falta de dirección no se imponía una voluntad e intención personal y específica sino que el desarrollo del Border así como la construcción de su identidad estaba directamente afectada por las necesidades del público y de los artistas que participaban en el proyecto. Como tal podría llegar a decirse que fue esta micro escena cultural la que se expresaba a través del espacio y lo moldeaba, lo cual para mi representó una oportunidad muy interesante de escuchar, observar y aprender para, poco a poco, ir definiendo la vocación del espacio en función de dichas necesidades que además, por fortuna, encontraban consonancia con mi propia visión. Durante dicho proceso, este tipo de prácticas que podían llegar a suceder de un modo espontáneo, se fueron concientizando para acabar definiendo las bases ideológicas que darían estructura al Border y sentido a nuestro propio paradigma. Entiendo por paradigma un modelo que no sólo abarca procesos y estrategias concretas, si no un posicionamiento ideológico frente a temas inherentes en la gestión y la promoción cultural, entre los cuales podríamos plantear la relación entre el promotor y el artista, la relación entre el público, el espacio y el artista, los procesos de legitimación y comercialización, las relaciones interinstitucionales, la relación entre el público y el arte, y muchos más aspectos que se derivan de lo que hoy conocemos como la escena del arte, en este caso mexicano. En última instancia esta estructura, este conjunto de estrategias, principios y valores, deben estar al servicio de nuestros objetivos institucionales en tanto espacios dedicados a la difusión, promoción y desarrollo artístico-cultural, cualesquiera que éstos sean.

Actualmente nos consideramos definidos, nos expresamos y trabajamos considerando un contexto cultural expecífico, con determinación con respecto a una necesidad que hemos identificado y creemos relevante: fomentar el arte emergente mexicano desde la difusión y la educación. Para tal efecto hemos desarrollado diversas estrategias. A partir del 2010 determinanos nuestro programa de producción mediante la convocatoria abierta ¿Quieres exponer en Border? cuyo proceso de selección se lleva a cabo entre diferentes profesionales del medio, esto con el objetivo no sólo de abrir nuestro espectro y alcance, si no de expresarnos como un espacio heterogéneo, no hermético, al cual se puede acceder no sólo como espectador pero como artista. A partir del 2011 llevamos a cabo la gestión de la Beca adidas Border, beca de producción artística dirigida a artistas en el inicio de sus carreras. Dichas estrategias que son dos convocatorias anuales, pueden llevarse a la práctica de múltiples maneras y lo que finalmente les va a dar una identidad y un alcance concreto no es la acción en sí, si no cómo ésta es llevada a cabo, bajo qué postura ideológica se van a desarrollar. En el caso del Border procuramos, en la medida de lo posible, entendernos al servicio del artista incipiente independientemente de la experiencia acumulada, con el objetivo de impulsar el desarrollo de su identidad artística, apoyarles en la construcción de su carrera y en la profesionalización de su práctica. Bajo dicha premisa desarrollamos parte de nuestras actividades no con el objetivo de romper paradigmas, pero con el objetivo de lograr el enriquecimiento de la escena artístico-cultural como mínimo capitalina y en el mejor de los casos, del país. También es interesante mencionar que bajo el entendido de que la escena artística mexicana esta conformada por todo tipo de agentes y responde a múltiples necesidades específicas, algunas de las cuales son irreconciliables entre sí pero igual de importantes, deben exisitir todo tipo de espacios: comerciales, oficiales, oficialistas, públicos, privados, de experimentación, de fomento, conservadores, educativos, crípticos, abiertos... Cada quien se identificará con aquel tipo de plataforma coherente con su propio potencial, ideología y visión y será a través de ésta que desarrollará un tipo de esquema u otro viéndose obligado - o no - a romper con sus propios paradigmas o con aquellos que consideramos como generalizados. Cada tipo de plataforma encuentra también eco en diferentes tipos de agentes, espectadores y consumidores que buscan cubrir diferentes tipos de experiencias y necesidades.

Ahora bien, tras sintetizar y simplificar la construcción de las bases estructurales del centro Cultural Border en tanto plataforma, se detonan otras preguntas muy interesantes que tienen relación con el enunciado de esta plática. Una de las cuestiones que bajo mi experiencia considero más difíciles de lograr: ¿Cómo integrar nuevos públicos que vayan más allá del público especializado, por jóven que éste sea? Y entiendo por integrar que el público no sólo asista, pero se vea afectado de un modo constructivo por aquello que ve y consume, por la obra o el proyecto artístico. En lo personal considero que éste puede ser a la fecha uno de los mayores retos que el Border tiene por delante en tanto espacio privado y autogestivo dedicado al desarrollo de la escena artístico cultural. A la fecha no hemos logrado atraer a nuestros vecinos originarios de la colonia Roma, a niños, personas adultas, personas de la tercera edad, las cuales nos interesaría recibir de manera frecuente y que consideramos pueden disfrutar y nutrirse de nuestro programa de producción ya que en gran medida éste se conforma de proyectos relacionados con temáticas universales planteadas desde una visión contemporánea, por eso consideramos que podría ser interesante y estimulante para detonar procesos de reflexión colectiva, aunque sea a escala local. Entonces, ¿cómo lograr captar su atención sin sacrificar las estéticas y las formas a las que recurrimos las cuales parecen ser, a priori, aquello que les hace sentir que nuestro espacio no esta pensado para ellos? Y es curioso que siendo un aspecto que nos parece interesante y sabiendo que la respuesta se puede encontrar en un ejercico puntual de vinculación con las instituciones que integran dichos públicos como escuelas, asociaciones de padres, o casas de la tercera edad, nunca hemos cuestionado nuestros esquemas de difusión, vinculación y formación de públicos. De este modo y haciendo un ejercicio de autocrítica, podríamos llegar a pensar que uno de los principales frenos para enfrentar los propios paradigmas es la falta de capacidad para alejarse de la zona de confort, aquella donde lo conocido y probado con el suficiente éxito se repite sucesivamente aun a riesgo de estancarse y no evolucionar. Aun a riesgo de no integrar nuevas posibilidades.

Otras preguntas que me hago y que son inquietudes motivadas por los puntos débiles de la estructura y las estrategias bajo las cuales trabajamos son: ¿Cómo lograr que el Border no sea un espacio monotemático, cerrado a nuevas posibilidades?, ¿Cómo renovar no sólo nuestro programa y el modo de conformarlo, pero nuestra visión, si ésta está arraigada a mi persona en tanto director?, ¿Cómo soltar las riendas, incluso invitar a un profesional a asumir la dirección del espacio, permitiendo que éste se deslinde de mi visión por el mismo bien del proyecto? Y ustedes me disculparán que lleve la plática a lo que parecen ser mis propias inquietudes personales, en realidad me parecen preguntas relevantes, exportables a otros espacios, especialmente los privados que suelen ser dirigidos por el empresario. Sigo compartiendo ciertas inquietudes personales y profesionales que considero pueden ser el punto de partida de la revisión y redefinición de los propios paradigmas, quizás no de los paradigmas establecidos, pero sí de los propios paradigmas que uno ha dado por sentado en el pasado y definen su propia práctica: ¿Será posible que Border siga cubriendo las necesidades de los artistas incipientes y emergentes que así lo requieran de aqui 10, 15 o 20 años?, ¿Puede un espacio con una trayectoria de 25 años renovarse lo suficiente como para seguir representando la emergencia?, ¿Funciona la idea de un espacio establecido dedicado al desarrollo de la identidad artística de creadores emergentes e incipientes que enfrentan procesos de experimentación?. Es en este mismo ejercicio de cuestionamiento que se van tomando decisiones y asumiendo ciertos riesgos que fragmentan las propias convicciones. Por ejemplo, buscando justamente ese no estancamiento del que hablaba y después de 6 años estando a cargo del programa de producción del Border, he cedido la dirección de dicho programa a Dulce Chacón. Dulce Chacón es una artista con una trayectora más larga que la mía, con experiencia en gestión y sobre todo en el ejercicio de la práctica artística, egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y más recientemente de Soma, beneficiaria del programa Bancomer-MACG este 2012, y sobre todo con una vocación que considero compatible con la del Centro Cultural Border. Como tal Dulce Chacón va a estar manteniendo la relación con los artistas invitados, va a llevar a cabo en conjunto con otros profesionales del medio emergente la selección de exposiciones e intervenciones, y desarrollará nuevas posibilidades en cuanto al ejercicio de vinculación del Border. Todo ello esperemos que afecte la misma identidad del lugar y expanda justamente, ya no mis propios paradigmas, pero aquellos sobre los que se estructura el Border.

Alejándonos ahora del espacio que dirijo y tratando de abordar el tema de los paradigmas y cómo estos se pueden llegar a deconstruir y reconstruir desde otra postura, me gustaría plantear nuevas inquietudes relacionadas con la escena artística mexicana y, más específicamente, capitalina. Quizás uno de los pilares sobre los que ésta sucede y evoluciona es bajo la idea de que esta estratificada considerando diferentes grupos compuestos por personas afines entre sí, ya sea pq justamente comparten paradigmas, visión, idología, propósitos, estructuras, o intereses. Sin embargo no interactuan dichos grupos entre sí, no se vinculan más allá de los estratos a los cuales pertenecen. Es algo a cuestionarse, ¿Deberíamos revisar el modo y los parámetros, por no decir prejuicios, bajo los cuales los diferentes espacios de exposición y profesionales implicados nos relacionamos y vinculamos? Es decir, entendemos perfectamente el valor simbólico de las acciones que llevamos a cabo en tanto profesionales en el ejercicio de la vinculación, y aun así, considerando el que debería ser el principal interés de todos los profesionales asentados en la escena artística que no es otro que el desarrollo de la misma en términos de generación e intercambio de conocimiento, ¿Porqué resulta atrevido, incluso absurdo, plantear otro tipo de interacción entre dichos grupos? Son cuestiones que generalmente no nos planteamos, quizás por que nuestro ejercicio en realidad se articula desde otras posturas que a veces poco tienen que ver con el desarrollo del arte y la cultura, y sí con cierto egocentrismo profesional e institucional, desde una postura quizás competitiva y en algunos casos recelosa, que nos hace olvidar que en última instancia el valor comunicativo y revelador del arte podría llegar a entenderse como el principal impulso que nos ha llevado a generar opciones desde muy diversas plataformas y con mucho esfuerzo. En el marco sistémico que caracteriza actualmente el mundo en el que vivimos, hay paradigmas que no estamos dispuestos a romper, más bien pareciera que los vamos a conservar y defender independientemente de que éstos afecten y dañen el desarrollo de la escena a la cual pertenecemos y estamos interesados en expandir. Como comentaba en un inicio es una cuestión que tiene que ver con los objetivos de cada quien. Personalmente entiendo complicado alejarse de lo establecido y en un afán por pertenecer a ciertos estratos emularemos aquellos procesos y fomentaremos aquellos vínculos que creemos nos pueden impulsar, o especialmemnte aquellos vinculos que creemos no nos ponen en un supuesto riesgo, atendiendo en el peor de los casos una lectura de la escena y de los agentes que la conforman conservadora y poco flexible.

¿Qué otros factores nos frenan para innovar en nuestros espacios de exposición o en el marco de nuestra práctica profesional aunque ésta se ajena a un espacio como tal? Ya hemos comentado que uno de ellos sería el estar asentados en zonas de comfort, repitiendo estrategias comprobadas que no generan nuevas posibilidades, pero conservan las que en su día conquistamos. Otro factor podría ser el aferrarse a los múltiples cotos de poder acumulados, no dar entrada a ideas ajenas, no ceder las riendas ya sea de un espacio físico o simbólico, a personas que con una preparación adecuada e interesante, puedan inyectar una nueva visión así como nuevas estrategias y planteamientos para que ésta se materialice ofreciendo nuevos alcances. En otras ocasiones, lo que puede frenar el desarrollo y la evolución de los paradigmas sobre los que nos desarrollamos, que no necesariamente su ruputura, es la ausencia de claridad con respecto a los objetivos personales o institucionales, relacionados profundamente con la vocación de los profesionales implicados. Llegado cierto punto de desarrollo el no tener la convicción del porqué y para qué o quién hacemos las cosas sin duda diluye la identidad del proyecto, del profesional o del espacio, cualquiera que éste sea, y como tal se acaba asentando en esquemas prestabecidos, ya probados, cómodos, que poco o nada tienen ya que aportarnos por mucho que nos hayan funcionado en el pasado. No deberíamos desligar la gestión cultural y la práctica artística de la convicción, incluso la pasión, por aquello en lo que uno cree. Pienso por ejemplo en el proyecto Néter, recientemente fundado por un colectivo de artistas y curadores con diversas experiencias y trayectorias profesionales. El entusiasmo por ponerse a prueba, por medir hasta qué punto serán capaces de plantear esquemas que cubran las necesidades que otros espacios no cubrimos, dotan ya a dicho proyecto de un halo de efervescencia y entusiasmo que incluso como espectador, y sin conocer a profunidad las dinámicas del espacio, puedes llegar a percibir.

Las herramientas de las que disponemos son tantas como necesidades detectemos y pretendamos cubrir e ideas propias y ajenas estemos dispuestos a integrar y practicar. No es posible reproducir un esquema ajeno exactamente del mismo modo, aquello realizado por otros puede adquirir matices y alcances impensables cuando uno lo lleva a cabo bajo su propia ideología, por lo que no hay motivo para dejar de recurrir a herramientas que otros han llevado a cabo con o sin éxito. Insisto en que romper paradigmas no es una necesidad como tal. Cubrir necesidades que detectemos y consideremos relevantes sí es una necesidad. Si para ello se deben o no romper nuestros propios paradigmas o aquellos establecidos deberá de hacerse, si no, no.

Y finalmente también se plantea en el enunciado de la plática: ¿Cómo ser un punto de referencia en nuestra comunidad? pregunta que se puede responder bajo el mismo planteamiento que he defendido los últimos 25 minutos: ¿es necesario ser un punto de referencia en nuestra comunidad? A lo mejor sí, pero ¿por qué?. Como hemos comentado anteriormente, los primeros paradigmas que debemos enfrentar y cuestionar son los relacionados con que ser referente e innovar son objetivos por sí mismos, y no como lo que en realidad son: beneficios colaterales por llevar a cabo un planteamiento profesional que reponde a cubrir necesidades específicas bajo un impulso vocacional y en consonancia con nuestra propia ideología.

Muchas gracias.

Eugenio Echeverría Manau

Conferencia impartida en el marco del Encuentro de Conferencia Nacional de Instituciones Municipales de Cultura. CONAIMUC. Museo de la Ciudad de México. México DF. 2012